Los símbolos que aparecen en nuestros sueños pueden actuar como un espejo de las emociones y los pensamientos ocultos en nuestro subconsciente.
En Asia Oriental, el sueño del dragón es el más honroso de todos: desde antiguo anuncia ascenso, grandes logros o el nacimiento de un hijo extraordinario. Un dragón que sube al cielo encarna la ambición que por fin alza el vuelo.
Un dragón que asciende o se enrosca a tu alrededor se considera un augurio supremo de éxito, honor y reconocimiento. Cabalgar un dragón sugiere aliados poderosos y una meta largamente anhelada al alcance de la mano.
Un dragón que cae del cielo o se desvanece advierte que un gran plan puede estancarse o que la ambición corre más que tus cimientos. Enfrentarte a un dragón furioso refleja a veces un choque con la autoridad o con un rival de peso.
En psicología, el dragón representa un potencial inmenso aún sin domar: una fuerza que intuyes pero que todavía no dominas. Ante un gran desafío, esa mezcla de emoción y temor suele tomar forma de dragón.
Confía en la corriente ascendente, pero divide la gran meta en pasos que de verdad puedas subir.