El vientre redondo y la risa franca simbolizan el contento, la generosidad y esa fortuna que crece cuando se comparte. De su saco se dice que se lleva las penas y reparte bendiciones, uniendo la abundancia material con la ligereza del corazón.
El Buda sonriente tiene como modelo a Budai, un monje chan itinerante que vivió realmente en la China del siglo X, cargando un gran saco de tela y alegrando a los niños con dulces. La tradición posterior vio en él una encarnación de Maitreya, el Buda del futuro; en Japón se le venera como Hotei, uno de los Siete Dioses de la Fortuna.
El vientre redondo y la risa franca simbolizan el contento, la generosidad y esa fortuna que crece cuando se comparte. De su saco se dice que se lleva las penas y reparte bendiciones, uniendo la abundancia material con la ligereza del corazón.
Su estatua suele colocarse mirando hacia la entrada, para que reciba con una sonrisa a los invitados y a la suerte que llega. Una entrañable costumbre popular dice que frotarle la barriga mientras se pide un deseo atrae la buena fortuna.