Este violeta nace de la amatista, la piedra de nacimiento de febrero. Su nombre viene del griego y significa no embriagado: los antiguos creían que la piedra mantenía la mente clara y serena. El color hereda ese espíritu de concentración tranquila, intuición y paz interior.
Este violeta nace de la amatista, la piedra de nacimiento de febrero. Su nombre viene del griego y significa no embriagado: los antiguos creían que la piedra mantenía la mente clara y serena. El color hereda ese espíritu de concentración tranquila, intuición y paz interior.
Le va bien a quien tiene la mente siempre ocupada y busca un momento de calma, y a quien disfruta de la meditación o la introspección. También acompaña a los creativos que esperan la llegada de la inspiración.
Una blusa lavanda o un pañuelo violeta añaden un toque suave de misterio a cualquier look. En el dormitorio, una lámpara o detalles en tonos violeta ayudan a soltar la tensión del día.