La violeta habla de modestia y de un cariño fiel; la prímula, una de las primeras flores de la primavera, simboliza el amor joven y la esperanza. Ninguna busca llamar la atención y, sin embargo, las dos se quedan en la memoria, igual que febrero.
La violeta habla de modestia y de un cariño fiel; la prímula, una de las primeras flores de la primavera, simboliza el amor joven y la esperanza. Ninguna busca llamar la atención y, sin embargo, las dos se quedan en la memoria, igual que febrero.
Quienes nacen en febrero suelen ser observadores, intuitivos y más profundos de lo que aparentan. Prefieren acompañar antes que protagonizar, y por eso se convierten en confidentes maravillosos.
La violeta fue el emblema de la antigua Atenas y, siglos después, Napoleón la quería tanto que sus partidarios lo apodaban 'Cabo Violeta'. La prímula debe su nombre al latín prima rosa, la 'primera rosa' de la primavera.
Una maceta de violetas es perfecta para esos sentimientos difíciles de decir en voz alta. Las prímulas vienen en casi todos los colores: elige el favorito de esa persona y alegra su final del invierno.